Durante el curso, muchos estudiantes sienten que descansar es sinónimo de perder el tiempo. Entre clases, trabajos, prácticas, exámenes y horas de estudio, parece que cualquier momento que no se dedica a los apuntes es tiempo desaprovechado.
Pero la realidad es justo la contraria.
Descansar también forma parte del proceso de aprendizaje. Y hacerlo de forma consciente puede marcar la diferencia entre llegar al siguiente curso motivado o completamente agotado.
Con la llegada del verano aparecen dos realidades muy diferentes: quienes por fin pueden cerrar los libros y quienes todavía tienen alguna recuperación por delante. En cualquiera de los dos casos, encontrar un equilibrio entre el descanso y las obligaciones será la mejor inversión para el futuro.
Tu cerebro también necesita vacaciones
Igual que un músculo necesita recuperarse después de un entrenamiento intenso, el cerebro también necesita momentos de pausa para funcionar correctamente.
Después de meses estudiando, sometido a información constante y a situaciones de estrés, seguir exigiéndote el mismo ritmo puede acabar siendo contraproducente.
Dormir mejor, reducir el estrés y dedicar tiempo a actividades que disfrutas favorece procesos tan importantes como:
- Consolidar la memoria.
- Mejorar la concentración.
- Recuperar la motivación.
- Reducir el agotamiento mental.
Por eso, desconectar unos días no significa olvidar todo lo aprendido. Significa darle a tu mente el espacio que necesita para seguir rindiendo.
Descansar no significa dejar de avanzar
Existe una idea muy extendida entre estudiantes y opositores: si no estás estudiando, estás perdiendo ventaja.
Sin embargo, mantener esa presión durante meses puede provocar el efecto contrario.
Cuando el cansancio se acumula aparecen síntomas como:
- Te cuesta concentrarte.
- Lees la misma página varias veces.
- Sientes que estudias durante horas pero retienes muy poco.
- Pierdes la motivación incluso con asignaturas que antes te gustaban.
En muchas ocasiones, el problema no es la falta de esfuerzo. Es la falta de descanso.
Dar un paso atrás durante unos días puede ayudarte a volver con mucha más claridad y energía.
¿Y si tengo recuperaciones?
Tener que estudiar en verano no significa renunciar completamente al verano.
Uno de los errores más habituales es pensar que julio y agosto deben convertirse en una extensión del curso.
La realidad es que una buena planificación suele dar mejores resultados que estudiar durante todo el día.
Puedes organizarte reservando unas horas para estudiar y dejando el resto del tiempo para hacer planes, practicar deporte, quedar con amigos o simplemente descansar.
Mantener una rutina equilibrada hará que sea mucho más fácil llegar a septiembre preparado y sin haber terminado completamente agotado.
El verano también es un buen momento para cuidar de ti
Durante el curso solemos dejar muchas cosas para “cuando acaben los exámenes”.
Leer por placer.
Dormir ocho horas.
Practicar deporte.
Viajar.
Pasar tiempo con la familia.
Ver una serie sin pensar que deberías estar estudiando.
Todo eso también forma parte de tu bienestar y repercute directamente en tu rendimiento cuando vuelvas a sentarte delante de los apuntes.
No es tiempo perdido.
Es tiempo invertido en recuperar energía.
Vuelve poco a poco
Cuando termine el verano no hace falta volver al cien por cien desde el primer día.
Lo mejor es hacerlo de forma progresiva.
Puedes aprovechar los últimos días para:
- Organizar tus apuntes.
- Preparar el material del próximo curso.
- Revisar el calendario académico.
- Hacer una planificación sencilla de objetivos.
Empezar con orden hará que la vuelta resulte mucho más llevadera.
En Apapel sabemos que cada estudiante tiene su propio ritmo. Por eso queremos acompañarte durante todo el año, tanto en los momentos de esfuerzo como en los de descanso.











